×

3 junio, 2020

Relato de la cuarentena: Tiempo de pupas

En la Universidad Autónoma de Nuevo León el arte y la cultura son prioridad. La Editorial Universitaria lanzó la convocatoria “Relatos e imágenes de la cuarentena”, colección coeditada por la UANL y Tresnubes Ediciones. Para hacer el confinamiento más ligero, la Dirección de Comunicación Institucional de la UANL publicará dos relatos por semana de esta colección que va en su séptima entrega.

Por: Guillermo Jaramillo   Fotografía: Luz Angela Cardona

¿Acaso todo tiempo pasado fue mejor? Se pregunta la autora de Tiempo de pupas, cuando de manera detallada relata los cambios psicológicos, sociales y físicos por los que pasa su hijo durante los 50 días de confinamiento en casa.

Ariadna Ramírez Garagorri, autora del relato-crónica, se confiesa ajena a esta era cibernética, donde las relaciones humanas son sustituidas por la virtualidad de las cosas y el distanciamiento en el diálogo.

Al observar el desarrollo de su hijo adolescente, la autora experimenta un extraño deseo por pertenecer a este mundo posmoderno y reinventarse en los ojos de las nuevas generaciones. Es un texto conciso sobre la reflexión del tiempo de guardar, que va acompañado de bellas fotografías de Luz Angela Cardona.

Con proyectos como este coordinado por la Editorial Universitaria UANL, a través de Antonio Ramos Revillas, y Tresnubes Ediciones, de la editora Virginie Kastel, la UANL sigue trabajando para transformar la sociedad, y trasciende mediante el arte y la cultura.

Relato de la cuarentena:¿Todo tiempo pasado fue mejor?
Relato de la cuarentena:¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Tiempo de pupas

Ariadna Ramírez Garagorri

Hasta hace no mucho disfrutaba contemplar a un niño que iba creciendo. En esta involuntaria pausa he tenido la oportunidad de ver cada día cómo se va abriendo paso el joven que Santiago ya es.

Sus catorce años comienzan a desgranarse. Cada día se asoma y me asombra un cambio. Hace varias semanas, dejé de abrazarlo y comencé a ser la abrazada. Con más frecuencia lo veo defender su territorio, conquistar su cueva, aislarse para descubrirse distinto.

Su cama tiene un poderoso influjo sobre él, y su cuerpo, revestido de permanente modorra, parece indicar su eficacia. Mientras avanzan las semanas, se abre paso, a tropezones y desafines, una nueva voz y un incipiente bigote, justo arriba de las comisuras de la boca.

Cincuenta días de temer irrumpir y resultar invasora. De cuestionarme si es mucho o si es muy poco lo que lo acompaño. Nuevos y necesarios espacios se abren entre nosotros. Suelto el azadón para que él lo tome con sus propias manos, lo levante, se impulse, clave hondo y remueva su propia tierra.

Indago cómo se siente extrañar a sus pares, esos frente a quienes se afirma, esos que lo retan, que le sirven de espejo, y me dice que no, que platica a diario con ellos. Y es que, aunque las necesidades son las mismas, ciertas formas de resolverlas pertenecen a este tiempo, las Netflix parties, las salas de espera para entrar a clase, la comunicación y los juegos de la realidad virtual.

Negocio, negociamos, menos o más tiempo de pantalla, más o menos de mirarnos, de jugar y conversar. Es mi niña la que mejor sabe sacarlo de su cueva y de su entorno digital. Seguimos tejiendo esa red amplia en que quepa esa nueva persona, y este nuevo mundo, que, en paralelo, se van asomando.

No puedo despojarme de esta culpa social que debemos estar sintiendo las generaciones que nacimos el siglo pasado, por lo que mucho que hicimos y por lo mucho que dejamos de hacer.

Y me digo que todavía podemos reinventarnos a los ojos de nuestros hijos y nietos. De algún modo, todo, todos, estamos viviendo la metamorfosis de algunos insectos. Va, esta inmovilidad y letargo deja atrás a larvas que veníamos siendo; ahora somos pupas, para finalmente, hacernos cargo.

La cuarentena me obliga a mirarlo, mirarme, pausada y calladamente, desprovista de esos ojos que no reparan en lo que miran. Así constato en él que lo sembrado, incipiente, ya está germinando. Así me asumo pupa y deseo que, como especie, la adultez nos llegue a la vuelta de los días.

Disfruta las historias de la sexta entrega: Relatos de la Cuarentena.

Publicidad