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2 septiembre, 2020

Relato de la cuarentena: La noche y un café

Como parte de la serie Relatos e imágenes de la cuarentena, proyecto coordinado por la Editorial Universitaria de la UANL y tresnubes Ediciones, publicamos un relato de Tania Martínez Suárez, con fotografía de César Iván Pérez Durán.

Por: Guillermo Jaramillo  

Una mujer junto a su hija y su mascota sienten el paso del tiempo en esta pandemia. Resguardadas en casa, el silencio del hogar hace las horas más intensas.

Día a día, los resguardados libran una nueva batalla contra el confinamiento. Es así como la fantasía es la compañía de la más joven de la casa, mientras que la literatura y la esperanza acompañan a la protagonista.

El confinamiento dota de nuevos quehaceres a los confinados. Esto lo sabe bien la autora, que se debate entre hacer el aseo, los deberes escolares con su hija y no perder la cordura.

Por las noches, la trinchera se alza dentro del hogar. Escribir acompañada de un café la hace sentirse fuerte mientras observa por la ventana aquellas otras luces encendidas, la luz que acompaña a los seres humanos.

Relato de la cuarentena: La noche y un café
Relato de la cuarentena: La noche y un café

Castillo y trinchera mi casa es

Tania Martínez Suárez

Este es el día número 52 del confinamiento, sin salir de casa salvo para comprar algunos alimentos. Siento como si un bucle de tiempo se hubiera repetido 52 veces y lo estoy mirando como vuelve a configurarse para hacer su siguiente aparición; me agobia ese espectáculo así que abro todas las ventanas del inmueble con la intención de hacer circular el aire y sentirme un poco libre… unas veces funciona y otras… otras no.

Durante el día es un campo de batalla entre mi mascota y su misión apodíctica de alejar al malvado dragón en que se ha convertido el camión repartidor del gas, apenas lo escucha arremolina por los pasillos y las habitaciones, da tumbos en la cocina y ladra sin parar, hasta que en efecto logra asustar al monstruo y mantenernos a salvo, entonces se recuesta en el patio a tomar el sol sabedora de su triunfo.

Lo que mi heroína peluda no sabe ahora, es que pasamos todo el día en casa porque en efecto allá afuera aguarda un enemigo tan poderoso como microscópico que puede infectarnos sin darnos cuenta siquiera.

Mi pequeña hija alberga dentro de sí el universo que arde y engulle cualquier cosa a su alrededor; nuestro hogar es un caldo de cultivo para su imaginación y un insecto puede ser la atracción matutina que le impide desayunar, los personajes de películas animadas salen del televisor para bailar con ella, quizá es hoy pirata, o astronauta, una arquitecta de edificios con largos brazos multicolor o hace un fuerte con los cojines de la sala.

Habla, es una filosofa innata, indaga, experimenta y siempre tiene hambre; mientras que sobrellevar la cuarentena implica para mí trabajar desde casa al mismo tiempo que hacer los deberes escolares, cocino y trato de asear.

Casi no creo el silencio estentóreo en el que se encuentra la casa… imperturbable es entre las olas de la noche que me abrazan. La noche es mi trinchera, somos estas letras y yo, mis pensamientos y yo, mi café y yo; las tres ventanas del estudio me regalan la vista de la ciudad que duerme también, pero palpita un corazón en cada luz que veo encendida.

No estoy sola esperando que la vida gire.

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