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6 octubre, 2019

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

Ingeniero de formación, pero violonchelista por vocación, Carlos Prieto es un mexicano ejemplar. Su amor por la música lo ha llevado más de 40 años a viajar por el mundo ofreciendo recitales como solista o con el Cuarteto Prieto.

Por: Esperanza Armendáriz   Fotografía: Daniel Zamora y José Luis Macías

Carlos Prieto (Ciudad de México, 1937) es un violonchelista internacional que ha puesto el nombre de México muy en alto no solo en las salas de concierto como instrumentista, sino como divulgador de la historia de la música a través de sus libros.

En su más reciente visita a Nuevo León, otorgó una entrevista a la revista Vida Universitaria para compartir algunas vivencias de su vida como chelista.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

Llegó a la cita sin su famoso Piatti, un violonchelo que el próximo año cumplirá 300 años de existencia y que fue hecho por Antonio Stradivarius en 1720.

Le pedimos que trajera a su inseparable Chelo Prieto, nombre que utiliza para registrar al violonchelo en los aeropuertos y poder viajar a su lado, para tomar algunas fotografías y grabar un fragmento de alguna pieza.

En el marco de la Escuela de Verano 2019, el músico presentó su libro Apuntes de la historia de la música en México y algunas notas autobiográficas, y ofreció un recital.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

Al término del evento, el Rector Rogelio Garza Rivera anunció que promoverá, ante el H. Consejo Universitario, otorgarle el grado de Doctor Honoris Causa de la UANL al violonchelista mexicano el próximo año.

La música: tradición familiar

El maestro Carlos Prieto nació en el seno de una familia de músicos. Su padre fue un excelente violinista y con esa labor ayudaba a su madre con el sustento de la casa.

Su abuelo materno tocaba la viola y sus hijos -Cécile y Léon- el violín y el violonchelo. Ellos formaron el Cuarteto Prieto en 1918. Ya han pasado cuatro generaciones.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

Empecé a estudiar violonchelo por estricta necesidad familiar, cuando tenía yo cuatro años, porque en mi familia faltaba un chelista para completar un cuarteto de cuerdas".

Carlos Prieto

Violonchelista

“Inclusive antes de mi nacimiento mi mamá me había comprado un violonchelito, tamaño de un violín, y empecé a los cuatro años y resultó que desde que empecé me enamoré del violonchelo. Para los 15 o 16 años ya había dado yo muchos conciertos en público”, compartió el músico.

Imre Hartman, miembro del Cuarteto Lener de Budapest, fue su maestro de violonchelo cuando apenas tenía cuatro años de edad; tiempo después su hermano menor, Juan Carlos, empezó estudios de violín y así, siendo apenas unos niños, ya tocaban en cuartetos.

Comenzaba entonces el Cuarteto Prieto 2, conformado por su padre y su hermano en los violines, su madre Cécile en la viola y él en el violonchelo.

En la familia ha sido una tradición la música. Su infancia estuvo rodeada de compositores de música de concierto. Ha sido la música el alma en el seno de la familia de Carlos Prieto.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

“Tengo tres hijos, uno de los cuales, que se llama Carlos Miguel, estudió también ingeniería y, tras pocos años de estar trabajando como tal, ahora se dedica a la música y continúa estudiando la música.

“Ahora es Director de la Orquesta Sinfónica Nacional de México y de varias orquestas, entre ellas la de Nueva Orleans, así como es invitado a dirigir por todo el mundo con frecuencia. Ahí hay otro caso (sonríe)”, agregó.

La dinastía de los Prieto va para largo.

Decisión juvenil: MIT

Aunque comenzó estudios de violonchelo a escasa edad y ya con un buen número de conciertos en público en plena adolescencia, Carlos Prieto tomó la decisión de ingresar al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) para estudiar ingeniería y economía.

“Me había ido no mal en materias como física, matemáticas y química, y quizá un poco por presión familiar intenté ingresar al MIT. Sabía que era dificilísimo entrar, pero me preparé con la tranquilidad de que si no me aceptaban, seguiría mi carrera musical aquí, luego Rusia o Estados Unidos.

Prieto ha sido descrito por Yo-Yo Ma, otro gran violonchelista, como “un auténtico paladín del violonchelo, es un artista creador, un sabio y un escritor. Carlos Prieto ha contribuido de manera notable al enriquecimiento de la música de Occidente”.

“Pero me aceptó el MIT e hice dos carreras, pero sin abandonar el chelo porque me nombraron el primer chelo de la Orquesta Sinfónica del MIT. Daba prioridad a mis otros estudios, porque si no tiene uno un promedio adecuado lo corren y luego es muy difícil volver a entrar”, rememoró.

Terminó sus estudios y llegó a trabajar a Fundidora de Monterrey, de la que fue director general. Aquí vivió ocho años. Crecieron sus tres hijos y después de bastantes años de trabajar en la industria del acero, decidió regresar al chelo con la confianza de que podría seguir adelante.

Si me hubiera dado cuenta de lo difícil que era esa transición a lo mejor no me hubiera atrevido, pero por fortuna no me di cuenta y me atreví. Regresé a mi verdadera vocación que es el chelo".

Carlos Prieto

“Creo que es muy normal que los jóvenes se sientan un poco perdidos de cuál es verdaderamente su vocación y cuál es aquello a lo que se tienen que dedicar el resto de su vida”, reflexionó.

Un escritor muy prolífico

Para ser un músico, Carlos Prieto es muy buen escritor. Ha escrito 11 libros y el más reciente, Apuntes de la historia de la música en México y algunas notas autobiográficas, lo publicó apenas el año pasado (2018). El primero se llama Cartas rusas.

Durante su estancia en Rusia, en 1962 en el auge del comunismo con Nikita Jrushchov, fue cuando escribió su primer libro. Él escribía cartas a sus padres y hermanos cada dos o tres días, que era una especie de diario.

“Pero era una carta escrita un poco en clave porque no podía contar exactamente todo lo que me ocurría porque había censura por la que pasaba todo el correo y no hubiera pasado esa censura.

“Cuando regresé a México decidí todas esas cartas reunirlas como materia prima para mi primer libro, que se llamó Cartas rusas”.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

El violonchelista decidió contar una anécdota y el motivo de su beca en Rusia:

En el MIT tenían una enorme colección de discos y ahí conoció la música del compositor ruso Dmitri Shostakóvich.

Le interesó a tal grado el autor que se puso a estudiar ruso y todo sobre el idioma, “incluyendo un curso de ruso científico que jamás me ha servido para nada”.

Cuando vino Anastás Mikoyán a Monterrey, el embajador soviético le habló para decirle que el intérprete que venía con la delegación de Rusia se había envenenado con los antojitos mexicanos y le pidió que lo supliera durante esa gira de trabajo.

“Llegó Mikoyán, que estaba un poco extrañado de que un joven mexicano hablara ruso. Me ofreció ir a estudiar a la Unión Soviética y fue así como me fui a la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú, la universidad más antigua de Rusia”, relató.

En Moscú conoció a Shostakovich. Tuvo mucho trato con él y por eso es un compositor que ha sido fundamental en su vida, tanto que uno de sus libros se titula Dmitri Shostakovich. Genio y drama.

Otros de sus títulos son: Alrededor del mundo con el violonchelo, De la URSS a Rusia, Las aventuras de un violonchelo, 5000 años de palabras, En toda China con el violonchelo, con un prólogo de Yo-Yo Ma, Apuntes sobre historia de la música en México y Mis giras musicales alrededor del mundo.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

El Piatti o Chelo Prieto

Han sido muy diversos los temas que Carlos Prieto ha desarrollado en cada uno de sus libros: la laudería, la composición musical, fenómenos culturales de los países que visita, la vida y obra de compositores, el repertorio del violonchelo.

Pero fue la historia sobre el violonchelo Piatti, hecho por Antonio Stradivarius, el que le llevó mucho tiempo de investigación.

Las aventuras de un violonchelo es quizá el libro más querido por los lectores, escrito por el músico mexicano. Lleva ya algunas ediciones y ha sido traducido al inglés, ruso y portugués.

Es un libro que me costó mucho trabajo porque decidí hacer una biografía de mi violonchelo. Me costó 10 años trabajarlo. Investigar la vida de un violonchelo es mucho más difícil que investigar la vida de una persona. Tras 10 años tenía mucho material".

Carlos Prieto

“Escribí una primera versión y fui a ver al gran escritor colombiano Álvaro Mutis. Le dije: ‘necesito tu consejo, porque he escrito este libro, pero quizá no tenga interés para nadie’.

“A los dos días me llamó y me dijo: ‘Carlos, tienes que escribir este libro porque es muy importante y además no me perdono si no me encargas el prólogo’.

En ese libro rinde una especie de homenaje a su violonchelo, hecho en 1720 y que lleva el nombre del violonchelista italiano Alfredo Piatti.

Escribe en este texto sobre la anatomía del instrumento, orígenes, compositores y, claro está, de las aventuras que ha pasado durante sus viajes por el mundo.

Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional
Carlos Prieto, del MIT a concertista internacional

El violonchelo “paga” boleto de avión con el nombre de Chelo Prieto, e incluso el maestro asegura que tiene una tarjeta de viajero frecuente con ese nombre; de hecho ha sido anunciado en pleno vuelo como un “pasajero extraviado”, ha sido condecorado en Bolivia, entre muchas más historias.

Encore del maestro

Al finalizar el diálogo con el maestro Carlos Prieto, muestra el famoso Stradivarius; se le toman algunas fotografías, mientras escucha las indicaciones del equipo de producción.

Toca a Bach para hacer las tomas de video y de nuevo resguarda a su compañero de viajes y escenarios en su estuche. Con cuidado bien merecidos para el Piatti, que está por cumplir 300 años.

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