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14 septiembre, 2020

Lleva sociedad violencia al ámbito universitario

Las universidades son un reflejo de lo que sucede en la sociedad, por lo tanto, las formas de violencia se trasladan al espacio universitario. Este fue el tema de reflexión en el conversatorio “Empoderar en la cultura para la paz: propuestas para la reducción de todo tipo de violencias en espacios universitarios” organizado por la UANL.

Por: Gabriela Ortiz  

Los casos de violencia en las universidades son una problemática que crece de manera constante; sin embargo, son pocos los que se denuncian.

De acuerdo con investigaciones del Observatorio Nacional sobre Violencia entre Hombres y Mujeres, el 97 por ciento de los universitarios son testigos de algún tipo de violencia, mientras que el 73 por ciento son víctimas en espacios universitarios.

El consejero de la Facultad de Psicología de la UANL, Manuel Muñiz; la académica de la Universidad de Guadalajara, Yahaira Padilla; el profesor en la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL) de la UANL, Felipe Abundis; y la doctora en Ciencias Sociales, Rosalía Carrillo, moderados por la directora de la FFYL, Ludivina Cantú, participaron en el conversatorio “Empoderar en la cultura para la paz: propuestas para la reducción de todo tipo de violencias en espacios universitarios”.

Tenemos romantizada la idea de que las universidades están libres de violencia, pues hemos visto en muchas investigaciones que esto es una mentira. Las universidades son una copia fidedigna de lo que sucede en la sociedad y, por tanto, todas las formas de violencia se van a trasladar al espacio universitario”.

Rosalía Carrillo

Doctora en Ciencias Sociales

De acuerdo con los ponentes, los tipos de violencia se ejercen en todos los niveles jerárquicos de la institución.

La violencia que se ejerce va desde insultos, golpes, exclusión, amenazas, robo, acoso sexual, violaciones, hasta prácticas de narcotráfico.

“Generalmente, cuando se habla de violencia, se piensa de la violencia entre alumna-alumno, alumno-maestro, maestro-alumno, pero poco se habla en ocasiones de la violencia que se da también entre los mismos académicos”, explicó el Miembro del Colegio de Pedagogos de México, Felipe Abundis.

El panel se llevó a cabo en el marco de la XIX Semana Cultural de la Diversidad Sexual, organizada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia en conjunto con la Coordinación Nacional de Antropología, la Dirección de Antropología Física y la Universidad Autónoma de Nuevo León mediante la Facultad de Filosofía y Letras, que se realizó del 7 al 10 de septiembre.

La desinformación y la simulación agravan el problema

Se estima que el 70 por ciento del alumnado desconoce las instancias que ofrecen apoyo a las víctimas de violencia.

Frente a esto, la investigadora Carrillo Meráz se cuestiona “¿Cómo van a poder defender los derechos de los compañeros o los propios si no saben sus derechos?”

El académico Abundis de León considera que “hemos crecido en una cultura del silencio y de la complicidad; es decir, con eslogan de que ¿para qué te metes en problemas? No vas a ganar, hay alguien que tiene más poder que tú”, por lo que hay una desconfianza a la hora de denunciar.

Mientras que en el aspecto institucional, el Especialidad en Psicoterapia Psicoanalítica Manuel Muñoz existen prácticas de simulación a la hora de tratar las quejas.

“Uno revisa la estructura jerárquica de las universidades y se encuentra con estancias que al principio debieran ser democráticas, debieran ser justas que están compartiendo el poder. Pero en realidad hay prácticas que acaban con esa posibilidad.

“Mientras no logremos romper con la apariencia, con la simulación y asumamos realmente el compromiso serio de la transformación de nuestro clima institucional que transite hacia esa condición democrática sin duda perfectible”, mencionó.

Romper barreras para prevenir la violencia

Para evitar que los casos de violencia se propaguen en el ámbito universitario, es importante tener una cultura de prevención.

En 2018, la UANL estableció el Protocolo de Atención para Casos de Violencia de Género, el cual cuenta con cuatro fases. La primera es el contacto o la orientación; seguido de la interposición de la queja de manera formal; en tercer lugar, se realizan medidas de atención; por último, el trámite del juicio.

“Tenemos muchas instancias que pueden atender la violencia, pero ¿por qué no funcionan esas instancias? Porque no tenemos una cultura de la prevención, o sea, ya tenemos las instancias pero no estamos atendiendo realmente el problema”, explicó Rosalía Carrillo.

La académica Yahaira Padilla recomendó trabajar en la horizontalidad, en el que cada uno de los miembros aporte al trabajo y reconozca la riqueza de las opiniones.

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