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15 mayo, 2020

El Maestro Covarrubias

Escritor, filántropo, dirigente universitario y fundador de ediciones literarias, Miguel Covarrubias fue maestro de generaciones. Este Día del Maestro, la UANL honra su trabajo.

Por: Guillermo Jaramillo  

La Universidad Autónoma de Nuevo León cuenta con el legado de Miguel Covarrubias (Monterrey, 1940), maestro de maestros de la Facultad de Filosofía y Letras (FFYL).

En este extraordinario Día del Maestro, la Universidad se encuentra inmersa en la estrategia digital, así que profesores y estudiantes han adaptado la modalidad de educación a distancia.

Covarrubias, docente de la FFYL de 1970 a 2001, es fundador y director del Instituto de Artes de la UANL, cuenta con libros de poesía y traducciones de poetas franceses y alemanes.

La traducción del conocimiento entre el profesor y el estudiante es un acto poético. El aprendizaje se edifica junto a la historia personal del educando y los conceptos toman nuevos significados.

La década del 60, cuando la educación ‘no presencial’ era mal vista

Antes de ser maestro, editor y directivo universitario, Covarrubias perteneció a la Escuela de Bachilleres, hoy el Colegio Civil; también fue Lechuza de la Facultad de Derecho y Criminología durante un breve periodo, pues su destino era el acrónimo literario: la FFYL.

“Yo llegué a la Facultad de Filosofía y Letras después de abandonar la carrera de Leyes. Con todo lo respetables que puedan ser los conocimientos jurídicos, éstos no se habían creado para mí. Estaba confundido.

“Llegué, pues, a Filosofía y Letras con el bagaje propio de un joven sediento de saberes humanísticos y con una brevísima carrera en la literatura como novel autor de tres opúsculos, director además de una revista literaria”, señala quien acaba de cumplir 80 años de vida y será honrado con el Premio UANL de Traducción “Miguel Covarrubias”.

Por aquellos años revolucionarios, la idea de una educación “no presencial” era un poco descabellada y mal vista.

Puedo ahora recordar cómo –hacia los años 50 y 60 del siglo anterior– los estudios a distancia se veían como una ‘superación’ de los estudios por correspondencia: esto quería decir que no contaban con el mejor prestigio”.

Miguel Covarrubias

En ese tiempo, para el proceso de enseñanza-aprendizaje eran imprescindible ambas figuras presenciales: la autoridad del maestro frente a sus pupilos en el aula de la clase.

Era inimaginable que algún día -cinco décadas después- la cátedra traspasara los salones de clase y estuviera a a través de una computadora, celular o tableta. Y esta modalidad, ahora, es bien vista.

Maestro y alumnos, un trato cálido

Hoy, el COVID-19 llegó para quedarse y modificar todo tipo de actividades. Alumnos y profesores del mundo salvan el curso a través de las pantallas y la modalidad de educación a distancia.

Para Covarrubias, el calor humano es insustituible. Se ha avanzado en la tecnología. Las plataformas comunicativas son reflejo de las necesidades contemporáneas del ser humano.

“Bueno, la educación y la cultura van acordes –a querer y no– con el desarrollo tecnológico de su sociedad. Nadie concebía durante el siglo xx que la verdadera enseñanza pudiera manifestarse sin la participación ‘en vivo’ de los docentes y el alumnado.

Pero llega el fenómeno de la masificación, la globalización, el racionamiento de los presupuestos, la privatización de la educación y otros flagelos. Pero algo permanece: la transmisión de los saberes.

“¿Y adónde se fue la calidez de las voces y los apretones de manos? En este mismo momento sabemos que aquellos alumnos que renegaban de la rigidez de sus escuelas, la admonición de sus profesores y el fastidio de los traslados a los edificios escolares, ‘añoran’ el contacto físico de sus camaradas y de sus preceptores.

“¡Nada sustituye al calor humano! Nos conformamos con lo que se nos da y abrazamos la todopoderosa tecnología avanzadísima de nuestros días. Sí”, apunta el autor de Sombra de pantera y El segundo poeta.

Cuando él era docente, recuerda el tratamiento de alumno-maestro en el aula. Un performance de formalidad absoluta, siempre centrado en la educación efectiva.

“En el año de 1970 –hace medio siglo– me estrené como profesor de medio tiempo, responsable de las cátedras de Teoría Literaria, Literatura Española Medieval y Literatura Española Contemporánea.

Desde que inició su etapa de docente, el maestro ha reflexionado en torno a la figura del educador, de un formador académico y universitario.

“Desde la antigüedad hasta nuestros días la cuestión que debemos enfatizar es: ¿Queremos aprender? ¿Queremos enseñar?

“Con la respuesta en la mano, ahora deberíamos subrayar que tan estudiante o tan maestro es el que recurre a las tablillas, al libro creado por Gutenberg, a la computadora o al internet.

“Se trata de los instrumentos propios de las diversas etapas del desarrollo de nuestras sociedades. Eso. Solo eso”, enfatiza.

¿La persistencia de lo virtual o la presencia en vivo?

Covarrubias señala que nos encontramos frente a una encrucijada. No hay duda sobre eso. Confía que al salir de cuarentena, la humanidad recupere su esencia.

“Qué tan atinada o equivocada es la determinación de suspender las clases como las hemos conocido ancestralmente, dentro de poco lo sabremos. Mientras tanto, la virtualidad se ha apoderado de nosotros.

¿Para bien o para mal? Yo diría que es algo impostergable, pero lo anterior, por no llamarlo antiguo, no puede ser arrojado al cesto de los desperdicios. Sería insensato que voluntariamente abdicáramos de lo que le es más caro a nuestra humanidad: el contacto directo, el contacto sin intermediarios.

“Así, por poner un ejemplo, la ‘grabación perfecta’ de una sinfonía de Mozart nunca superará la ejecución ‘en vivo’ de esa pieza en la sala de conciertos aunque, según el oído de los puristas, los ejecutantes hayan cometido ‘horrorosas imperfecciones’”, finaliza el formador de tantas generaciones de artistas y humanistas como los poetas Ofelia Pérez Sepúlveda, José Javier y Minerva Margarita Villarreal o narradores como Zacarías Jiménez y Antonio Ramos.

En este día tan especial, la UANL honra el legado de universitarios como Miguel Covarrubias, quien a través de su trabajo ha transformado el entorno que nos rodea.

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